Implementar la educación a distancia, después de la pandemia de COVID-19

    

    Jamás en la historia se produjo un cierre universal de instalaciones educativas presenciales como el sucedido con motivo de la pandemia provocada por el COVID-19. Según datos actualizados de la UNESCO 1, gobiernos de casi 200 países decretaron el cierre total o parcial de centros educativos. Y esa relación de países no paró de aumentar. Según la organización internacional, cerca de 1600 millones de niños, adolescentes y jóvenes se han visto afectados a nivel mundial por esta circunstancia, 91% del total, al igual que más de 60 millones de docentes abocados a un cambio radical y abrupto (IESALC-UNESCO, 2020). De ahí que UNESCO alentó a los diferentes gobiernos, y continúa haciéndolo, al uso de sistemas de educación a distancia, aprovechando las posibilidades que hoy ofrecen las tecnologías digitales.

    Cierto que en estos tiempos ha sucedido que, ante el obligado cambio brusco en las formas de enseñar, de aprender y de evaluar, que no podían seguir siendo presenciales, una educación a distancia puesta muy en cuestión en tiempos preCOVID, tuvo que implementarse de urgencia, de forma masiva y con grandes limitaciones pedagógicas en tiempos de COVID, y se pretende aprovechar en formatos híbridos, combinados o de blended en épocas posteriores, posCOVID. 

    Un hecho real que ha supuesto el confinamiento respecto a los sistemas educativos ha sido el de demostrar que los cambios en educación son posibles, incluso cuando se trata de cambios absolutamente radicales. 

    Diferentes administraciones públicas e instituciones educativas han propuesto, vienen planificando, o se verán obligadas a hacerlo, una etapa educativa posconfinamiento, con diferentes escenarios ante las   incertidumbres futuras con respecto a la evolución de la pandemia, de ésta o de otras venideras. 

    Porque, incluso si no se levanta el confinamiento en algunos países, como en el peor de los contextos, o si existe una vuelta atrás, a un nuevo confinamiento sea total o parcial, de larga o corta duración, las cosas han de hacerse de otra manera. Y esto, sea en tiempos de COVID-19 o en previsión de otra nueva pandemia.

    Además de la necesaria flexibilización, reestructuración y adecuación de espacios educativos físicos que preserven la habitabilidad y seguridad sanitaria y que acojan servicios tecnológicos, se hacen precisos nuevos enfoques pedagógicos más abiertos, diversos, combinados y flexibles, para abordar una situación que en el ámbito sanitario aún no fue superada. Estaríamos hablando de experiencias de blended-learning, ya antiguas (Procter, 2003), aunque algunos las descubrieron ahora, pero también de escenarios de presencialidad
discontinua o variable, según manden las circunstancias sanitarias.

    Con la perentoria necesidad de reorganizar el sistema educativo tras la pandemia, vienen surgiendo numerosas variantes y propuestas. Pero todas ellas se desenvuelven dentro del continuum presencia-distancia (en línea), (onsite-online) . 

    La Educación a Distancia representa una solución y alternativa tecnológica ante la contingencia por Covid-19, que a pesar de que implicar un cambio cultural, debe desarrollarse e implementarse con el fin de ofrecer un complemento y mejora de los procesos educativos actuales. Se dará oportunidad a continuar con las clases y poder concluir ciclos escolares. Además, después de esta contingencia se podrá tomar esta dinámica como una moda, que en poco tiempo contribuya al incremento en la participación de docentes y alumnos, dando como resultado que se rompan paradigmas de que las personas son proco productivas ante estas modalidades.

    Otra cosa a resaltar es que antes de querer tomar la opción de Educación a Distancia, las instituciones deberían evaluar a los alumnos interesados para saber si cumplen con las habilidades que requiere el tipo de aprendizaje. Así mismo debería evaluarse a los docentes y a las instituciones que ofrezcan la modalidad de Educación a Distancia, para saber sí cumplen con el objetivo de enseñar al mismo nivel que una educación presencial.

Referencia:

IESALC-UNESCO (2020). El coronavirus-19 y la educación superior: impacto y recomendaciones. https://cutt.ly/xd
HJuhK

Procter, C. T. (2003). Blended learning in practice. Education in a Changing Environment conference, (September 2003) Salford. http://usir.salford.ac.uk/id/eprint/27428/


Comentarios

  1. Con la pandemia aprendimos a ser aún más autónomos con nuestro proceso de aprendizaje, debido a que nuestros profesores y compañeros están al otro lado de la pantalla, y resolver dudas o dar explicaciones se ha vuelto un poco complicado, así que se ha tomado como tarea primordial de los estudiantes dar más de lo que aportábamos de manera presencial. Concuerdo con mi compañero: aprendimos a realizar nuevas actividades, la mayoría de ellas de carácter formativo.

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